1ª Parte

 

Por  Oriol Munné, David Lorenzo, Ingemar Svensson, Ana Isabel Cadenas (Tecnalia)

 

Abstract:

En los últimos años se ha registrado un aumento significativo de casos donde el comportamiento de la madera tratada con sales de cobre expuesta en clases de uso 4 no responde a la vida de servicio esperada. Este estudio pretende analizar en profundidad esta problemática. Para ello se propone hacer una revisión de la tipología de productos en base cobre presentes en el mercado, sus propiedades más relevantes comparadas con las sales CCA y los factores que pueden afectar a la durabilidad de la madera tratada, incluyendo los que pueden controlarse (formulado, proceso de tratamiento) como los que son más difíciles de controlar (factores ambientales, tipología de suelo, organismos xilófagos).

  1. Introducción:

Las políticas ambientales que se han venido imponiendo en las últimas décadas han ido condicionando el uso small-treated-solid-wood-columns-BIGde los ingredientes activos que componen los protectores de la madera. En el caso de los productos destinados al tratamiento de madera expuesta a clases de uso 4 y 5, las sales de cobre, cromo y arsénico (CCA) fueron las que hasta el año 2000, coparon mayoritariamente este mercado. Tras su prohibición a principios del presente milenio por su contenido en arsénico, el mercado tuvo la necesidad de adoptar productos alternativos, principalmente sin cromo y arsénico.

Las sales CCB fueron de los pocos productos que perduraron. En clases de uso 4, el cobre sigue siendo la referencia, pues a diferencia de los ingredientes activos de tipo orgánico (excepto la creosota ó el penta), presenta un buen perfil de eficacia frente a todos los organismos xilófagos que pueden afectarnos en estas clases de uso, y en especial a los hongos de pudrición blanda.

Los productos alternativos a las sales CCA son principalmente productos donde el cobre se incorpora al agua mediante la adición de compuestos amoniacales ó aminas. Estas formulaciones incluyen un co-biocida para fortalecer su espectro biológico (p.e. hongos tolerantes al cobre). Así, los más frecuentes que encontramos en el mercado español son QUATs (ACQ), triazoles (CA), HDO (Cu-HDO) y cobre-boro.

Desde 2007 se ha ido acentuando el número de casos donde la madera tratada con sales de cobre ha fallado antes de lo previsto (vida de servicio). Estos fenómenos se han ido sucediendo puntualmente, hasta que se dio un caso en viñedos Franceses que tuvo un impacto en el sector relevante. Lejos de ser un caso puntual, se han ido conociendo nuevos casos de fallos prematuros en Italia, España, Portugal, etc,… lo que ha generado una preocupación generalizada en el sector y ha abierto las puertas a la desencadenación de multitud de teorías que explican lo suMueble de jardin 2cedido, siendo la mayoría de ellas especulaciones sin fundamento científico alguno (por cierto, algo habitual de nuestro sector).

Ante tanto desconcierto, lo primero que debiera hacerse, es documentarse sobre los “casos” que se han citado. Curiosamente, ha sido imposible obtener información fehaciente, más allá de conversaciones privadas con actores relevantes de nuestro sector. No se ha publicado nada, no se conocen los motivos reales del fallo, no se sabe si las causas entre distintos casos son las mismas ó no. Ni siquiera si la madera estaba tratada según las especificaciones del fabricante del producto,…

El presente trabajo, pretende ser un análisis sosegado y exhaustivo sobre el comportamiento de madera tratada y expuesta a una clase de uso 4, revisando tanto los productos protectores actualmente empleados, los factores ambientales que pueden afectar al comportamiento de la madera tratada así como un acercamiento a la realidad de la calidad de los tratamientos que se realizan en autoclaves de nuestro país. Con todo, intentaremos arrojar algo de luz a esta problemática pudiendo entender y ponderar la importancia de cada uno de los posibles factores que intervienen.

2. Factores que intervienen en la durabilidad de la madera tratada expuesta a una clase de uso 4

Cuando pretendemos incrementar la durabilidad de una madera mediante un tratamiento protector, a menudo, viene implícita una expectativa en cuanto a la vida de servicio de este producto. En función del tipo de producto de madera se le exigirán 10, 15, 20, 30 ó más años. Curiosamente, la expectativa de durabilidad es algo que viene condicionado por el mercado y en general, el número de años exigidos se mantiene constante desde hace décadas.

Dentro de los factores que pueden intervenir en el no cumplimiento de la vida de servicio prevista para una mAutoclave para el tratamiento a presión de la maderaadera tratada, podemos englobarlos dentro de dos tipologías; los factores controlables y los no controlables. Los factores que podemos controlar serán todos aquellos donde podemos intervenir (p.e. composición producto protector, proceso de tratamiento, proceso de acondicionamiento tras tratamiento, manipulación del producto en su puesta en obra y como no, diseño constructivo).

Entre los factores que no podemos controlar destacan los factores ambientales (características climáticas, tipología y composición del suelo) y los organismos xilófagos que se encuentren en el lugar de exposición y puedan interactuar con la madera tratada. En cualquier caso, la durabilidad de la madera tratada dependerá de la interacción de todos los factores en su conjunto, lo cual hace difícil que ante un incumplimiento de expectativas de vida de servicio, pueda establecerse una sola causa como responsable. A continuación se presenta una descripción detallada de todos los factores anteriormente citados.

2.1 Prestaciones de los productos protectores en base cobre

Tras la restricción, a principios del presente milenio, del uso de las sales de cobre, cromo y arsénico (CCA), empezaron a ganar cuota de mercado, los llamados productos alternativos, los cuales no presentan ni cromo, ni arsénico en su composición. A día de hoy, aunque se siguen empleando sales CCB (cobre, cromo, boro), los productos que más cuota de mercado tienen en Europa son las sales ACQ, las sales de cobre-triazoles, las sales de cobre-HDO y las sales de cobre y boro. En cualquier caso, es importante tener en cuenta que esta tipología de productos no son muy novedosos, pues en el caso de las sales ACQ se empezaron a emplear desde mitades del siglo pasado.

Todos estos productos contienen cobre como principal ingrediente activo, eficaz tanto contra hongos como insectos. Para reforzar su espectro frente a toda la gama de hongos (especialmente los tolerantes al cobre) se formulan junto con otro co-biocida.treated lumber En líneas generales, podemos afirmar que todos los productos presentes en el mercado son eficaces y adecuados para el tratamiento de madera expuesta a una clase de uso 4.

Las posibles diferencias entre todos estos productos las podemos encontrar en los índices de deslavado de la madera tratada, en la capacidad de penetración e impregnación de la madera y en su perfil de bioactividad ó eficacia. En base a todo lo anterior, cada producto dispondrá de un valor crítico de retención distinto para cumplir con las exigencias de durabilidad deseadas.

El tipo o fuente de cobre a emplear, la proporción entre el cobre y el co-biocida, el tipo de solución para disolver el cobre en el producto, así como ciertos aditivos, pueden otorgar distintas propiedades a una misma tipología de producto protector. De este modo, es erróneo pensar que un tipo de producto genérico (p.e. ACQ) se va a comportar siempre igual, pues detrás de unas siglas, podemos encontrar formulaciones distintas, con comportamientos significativamente diferentes.

ACQ

Las sales denominadas como ACQ pueden dividirse en cuatro tipos (A, B, C y D) en función de su composición (ratio de CuO y QUAT, el tipo de amonio cuaternario y el solvente para disolver el Cu). En los tipos A,B y D se emplea como co-biocida el DDAC (didecyldimethylammoniumchloride) ó DDA-Carb (didecyldimethylammoniumcarbonate). En el ACQ-C se emplea ADBAC (alkylbenzyldimethylammoniumchloride).

El ACQ-B es una formulación amoniacal, mientras que el A y D son formulaciones con aminas de cobre. El ACQ-C puede emplear tanto amonio como aminas. Las formulaciones a base de amonios presentan cierto olor a amonio y colorean más la madera (hasta que seca la madera), mientras que las formulaciones con aminas (A y D) huelen y colorean menos. La ventaja de los formulados con amonio es que penetran mejor en la madera que los formulados con aminas. De hecho en EEUU se suelen emplear formulaciones con amonios en plantas de tratamiento que trabajan con especies algo más difíciles de impregnar (Freeman y McIntyre, 2008). En las formulaciones a base de aminas a veces puede incorporarse algo de amonio para mejorar su capacidad de penetración en la madera.

En cuanto a las retenciones de eficacia, no hay muchas diferencias entre los diferentes tipos de ACQ (si se mantienen iguales las concentraciones de cobre), aunque tal y como se comentaba anteriormente, en función de la relación entre el cobre y el co-biocida podemos modelar las propiedades del producto. Así, por ejemplo, para una ACQ del tipo D, la relación habitual suele ser de 2:1 (cobre-DDAC). Varios estudios publicados revelan que proporciones o ratios donde hay menos cobre, provocan una reducción en el tiempo de fijación del cobre y menores índices de deslavado de cobre (esto último es lógico, pues cuanto menos concentración de cobre en general se reduce el deslavado).

En este sentido se observó que un ACQ con un ratio de cobre-quat de 1:2, presentaba una reducción en el deslavado de cobre de hasta un 70%. En estos casos, al haber menos cobre, se genera la necesidad de incrementar la retención de producto en la madera. Las conclusiones de estos estudios revelan que las mejores prestaciones se obtienen en ratios de 1:1 (cobre-quat). Este es el caso habitual de un ACQ de tipo A.

Cobre con azoles

Son formulaciones que emplean aminas y cobre, junto con un co-biocida de la familia de los triazoles. La primera formulación de este tipo incluía ácido bórico (CBA-A) pero en la actualidad tienden a sólo emplear cobre y tebuconazol. Son producto que en general no general olores. En casos donde se necesite potenciar su capacidad de penetración (tratamiento de especies algo resistentes a la impregnación) puede a veces emplearse amonio. En los últimos años, se presentó una nueva formulación con una mezcla de fungicidas de la familia de los triazoles (propiconazol y tebuconazol) por sus efectos sinérgicos.

Aunque la concentración de co-biocidas es a priori pequeña, al igual que en el caso de los ACQ,los estudios de eficacia demuestran su acción frente a hongos tolerantes al cobre.

Cobre xyligen (CX-A)

Estas sales de cobre contienen generalmente carbonato de cobre, ácido bórico y cobre- HDO (bis-(N-cyclohexyl-diazeniumdioxy)-copper). En algunos caso, puede contener también Boro como co biocida. Este tipo de producto tiene más impacto en Europa que en Estados Unidos, donde la AWPA aún está evaluando su inclusión como protector para clase de uso 4. En cualquier caso, la amplia experiencia que se dispone con este tipo de sales ha demostrado su buen comportamiento frente a todos los organismos que pueden afectar a la madera expuesta a una clase de uso 4.

Cobre-Boratos

Esta tipología de sales hidrosolubles está compuestas por una fuente de cobre (generalmente hidróxido de cobre) y una fuente de boratos (sodium tetraborate decahydrate, Borato de polietoxididecilamonio). El cobre puede ser disuelto con una fuente de aminas ó amonios según el tipo de producto. Aunque estas sales pueden emplearse en todos los ámbitos de la clase de uso 4, su uso también se ha extendido en el mundo de los composites y tableros.(p.e. OSB).

Los puntos débiles que giran en torno a los productos libres de cromo y arsénico se centran fundamentalmente en tres aspectos: su menor capacidad de penetración, su capacidad de deslavado (especialmente de cobre) y la persistencia en el tiempo de los co-biocidas. La capacidad de deslavado y la persistencia de los co-biocidas se analiza en el siguiente punto del artículo. En cuanto a la penetraciófoto_jardinera01n, se ha observado que a diferencia de las sales CCA, algunas de sus alternativas no se distribuyen tan homogéneamente en la madera, creando en algún caso, gradientes significativos de producto a lo largo de la profundidad de la madera.

Este mal comportamiento de penetración puede provocar que en la parte interna de la madera, la retención de producto no alcance el valor crítico ó mínimo para garantizar la durabilidad de la madera frente a hongos e insectos. En este caso, toma especial relevancia los ataques de termitas. Es por tanto muy recomendable (aunque no habitual), llevar a cabo estudios de penetración, incluso antes de someter un nuevo producto a las pruebas de eficacia biológica.

Por último, es importante citar las diferencias en cuanto a la eficacia de los productos en función de la fuente de cobre empleada. Aunque en general se conoce que niveles superiores a 1.5 kg/m3 de cobre ofrecen garantías de eficacia para una clase de uso 4, en función de la fuente de cobre (a parte de otras características del formulado) empleada pueden optimizarse sus propiedades. El oxiquinoleato de cobre, antiguamente empleado tanto en productos anti-azulado como en productos para clase de uso 4, es una de las tipologías de cobre con mejor perfil de eficacia y además, con una toxicidad en mamíferos reducida. Su baja solubilidad en agua y su reducida presión de vapor contribuyen a una buena estabilidad en la madera y a su persistencia. No obstante, este tipo de cobre es mucho menos económico y además, en el caso de Europa, no ha sido notificada como sustancia activa para protectores de la madera en la Directiva de Biocidas, lo que implica que a día de hoy, no pueda ser usado en Europa.

2.1.1. Diferencias de comportamiento de los productos alternativos con respecto a las sales CCA

Aunque los productos en base de cobre que encontramos en el mercado nacional cumplen todos los criterios de eficacia y en consecuencia, son garantía para la madera expuesta a una clase de uso 4, presentan, como es lógico, diferencias de comportamiento respecto a las sales tradicionales de referencia con cromo y arsénico (CCA). En líneas generales, a una misma retención de producto, las sales CCA presentan un mejor perfil de eficacia.

De entrada, los co-biocidas que emplean las sales CCA (cromo y arsénico) son inorgánicos y refuerzan muy positivamente y a largo plazo, el espectro de actividad de este producto. En los productos libres de cromo y arsénico, se emplean co-biocidas de tipo orgánico (p.e. Quats, triazoles), aunque en alguna ocasión también se usan sales de boro ó ácido bórico. Aunque los co-biocidas de tipo orgánico complementan de manera satisfactoria el perfil de eficacia del cobre, su naturaleza orgánica puede condicionar su persistencia en la madera (especialmente si se encuentra bajo tierra). La acción de varios microorganismos presentes en el suelo (p.e. bacterias) puede en algún caso, acelerar la degradación de estos co-biocidas y así reducir su protección frente a hongos tolerantes al cobre. Este fenómeno suele agudizarse si la presencia de cobre se reduce significativamente (deslavado).

Otra diferencia relevante detectada entre estos tipos de productos es su capacidad de fijación en la madera, lo que condiciona el deslavado de las materias activas.

Numerosos estudios sobre la capacidad de deslavado de la madera tratada con los productos alternativos a las CCA, indican que el cobre en los formulados alternativos se deslava mucho más con respecto a las sales CCA. En líneas generales se observa que tanto las sales ACQ como las CA (cobre-azoles) deslavan el doble de cobre en % con respecto a las sales CCA.

En la tabla 1 se muestran los resultados obtenidos por la Universidad de Michigan (Freeman y Craig, 2008), de un estudio donde se trataron probetas de madera con los productos CCA, ACQ y CA. Tras un periodo de acondicionamiento (secado) se forzó su deslavado siguiendo la metodología descrita por el protocolo AWPA E11 (similar al método estandarizado europeo EN 84). Los resultados confirman que el deslavado de cobre en ACQ y CA son muy superiores a los obtenidos con las sales CCA. El deslavado, lógicamente es superior cuanta mayor concentración de producto se emplee. En cuanto a los co-biocidas, su deslavado en % es mucho menor, a excepción del arsénico (CCA) el cual se deslava proporcionalmente mucho más que el cobre en este tipo de producto.

Deslavado en % del Tipo de ingrediente activo producto

 

Tabla 1 

Tabla 1. Deslavado en % de las materias activas de madera tratada con 3 tipos de sales de cobre, tras proceso de deslavado en laboratorio según el método AWPA E-11.

Una de las razones que explica este fenómeno lo encontramos en el proceso químico de fijación del cobre. Mientras que en el caso de las CCA ó CCB, el cobre se fija gracias a la acción del cromo y su interacción química con el cobre, en los productos alternativos, el proceso de fijación se basa en la generación de complejos de cobre-amina y en su interacción química con la madera, especialmente con los grupos carboxílicos de lignina y los grupos hidroxílicos fenólicos (Zhang y Kamdem, 2000 y Ruddick et al. 2001). Una de las razones por las cuales los productos protectores basados en cobreethanolamina no se fijan tan bien como las sales de cobre-cromo es por el efecto de depolimerización que genera la ethanolamina, creando también, complejos deslavables de monómeros de cobre-ethanolamina-lignina.

Conociendo esta debilidad en los productos sin cromo, durante ya alguna década, los esfuerzos en el desarrollo de alternativas a las CCA se han centrado en conseguir mejorar los ratios de fijación del cobre sin la ayuda del cromo. Los sistemas alcalinos de cobre presentes hoy en el mercado han hecho saltar las alarmas por su menor capacidad de fijación del cobre y en consecuencia por la posible entrada de cobre en el medio ambiente. Aunque con estos productos, más cobre puede alcanzar el suelo ó el compartimiento acuático, cierto es que estos compuestos son menos tóxicos que el Cr y el As, lo que refuerza la idea que son una alternativa mucho más atractiva para el medio ambiente. No obstante, debido principalmente a los niveles de deslavado, a día de hoy, los compuestos de cobre están siendo revisados con mayor profundidad por la Directiva de Biocidas (98/8/CE), lo que está provocando un gran retraso en su inclusión al Anexo I.

Aunque los post-tratamientos o los recubrimientos pueden mejorar la fijación del cobre en la madera, la tendencia en el desarrollo de nuevas formulaciones se centra en la inclusión de ciertos aditivos que mejoren estas prestaciones (p.e. creando complejos de cobre no solubles). Estos aditivos pueden ser hidrofóbicos y que reaccionen en cierta manera con las paredes celulares de la madera. Un surfactante empleado comúnmente como suavizante, como el di(hydrogenated tallowalkyl) dimetil ammonium clhloride (2HT) se emplea para reducir las pérdidas de cobre por deslavado (Freeman y Craig, 2008). Esto se ha observado tanto en ACQ como en Cu-Azoles.

Probablemente, este aditivo facilite la adhesión del cobre en las cadenas de celulosa gracias a interacciones hidrofóbicas. El amoníaco también mejora la fijación del cobre en la madera, aunque la emisión de olores ha restringido su uso. De esta manera, el amoníaco fue reemplazado por aminas. El ratio amina-cobre permitirá obtener formulaciones con prestaciones de penetración, fijación de cobre y eficacia distintas (Zhang y Kamdem, 2000), con lo que este también es un factor clave para el desarrollo de un producto protector. El tipo de amina empleado también puede repercutir en las propiedades del producto protector, afectando a la estabilidad, polaridad y solubilidad de los complejos de cobre-amina (Freeman y Craig, 2008).

Otro de los factores relevantes que intervienen en la fijación del cobre en la madera tratada con sales (cobre-ethanolamina) es su pH. Humar et al., demostraron en 2007 que soluciones con pH menores (p.e. 8.5) mejoran la fijación del cobre en la madera. La adición de boro en productos basados en cobre y ethanolamina induce a una reducción de la fijación del cobre en la madera, aunque por el contrario, mejora las prestaciones de eficacia frente a hongos tolerantes al cobre como A.vailllanti (Pohleven y Humar, 2006).

En estos casos, la adición de ácidos carboxílicos (p.e. ácido octanoico) mejora la fijación del cobre aunque reduce levemente los índices de eficacia frente a hongos tolerantes al cobre. Es importante tener en cuenta, que los compuestos de boro son bastante vulnerables al deslavado, con lo que tras cierto tiempo de exposición a ambientes severos (agua), el boro terminará siendo extraído al exterior en casi su totalidad. Así, pues en el desarrollo de un producto protector en base cobre, deberemos optimizar la relación eficacia/deslavado, pensando que altos índices de fijación nos permitirán ser más optimistas en el comportamiento de la madera tratada a largo plazo.

2.1.2. Determinación de los valores críticos de eficacia

Una vez desarrollado un nuevo formulado, debe someterse a estudios de eficacia biológica para determinar qué cantidad de producto por metro cúbico de albura de madera es necesaria para protegerla frente a los diferentes organismos xilófagos que pueden atacar a la madera para una clase de uso determinada. Aunque tras los incidentes registrados y mencionados en la introducción de este artículo, algunas voces han cuestionado directamente la bondad y eficacia de los productos del mercado (alternativos a las CCA), lo cierto es que todos ellos funcionan adecuadamente y presentan una eficacia excelente frente a hongos e insectos (incluidos hongos tolerantes al cobre).

La clave para obtener óptimos resultados en la madera tratada radica en la buena penetración e impregnación del producto en la madera y en que la retención de producto (kg/m3) sea igual o superior al valor crítico (retención) obtenido por los estudios de eficacia. Así pues, cada producto podrá tener valores críticos distintos, incluso entre productos de naturaleza similar (p.e. ACQs, CA, CC,…). La mejor manera de conocer las prestaciones de eficacia de un producto protector es evaluando su comportamiento en situaciones reales de uso. La interacción natural de agentes abióticos y bióticos en el tiempo, es la mejor manera de evaluación.

Sin embargo, para un industrial esto es algo totalmente inviable, pues es impensable supeditar el desarrollo y la inversión a más de 10 años vista. Para ello se desarrollaron desde principios del siglo pasado, una serie de metodologías y normas de ensayo, para evaluar los productos protectores de manera acelerada, tanto en laboratorio como en campo. La duración de los estudios de laboratorio se sitúa en torno al año, mientras que los ensayos de campo requieren de al menos 5 años de exposición.

A día de hoy, en España, para registrar y comercializar un producto para una clase de uso 4, se requieren mínimamente ensayos de laboratorio, aunque los ensayos de campo son bien recibidos. Los ensayos de laboratorio que debe superar un producto destinado a una clase de uso 4 incluyen tanto una evaluación frente a una selección de hongos que cubren las diferentes tipologías que podemos encontrarnos en contacto con el suelo (pudrición parda, blanca y blanda, así como cepas tolerantes al cobre), como de insectos (en nuestro caso, carcomas y termitas subterráneas).

Tras muchos años de investigación se ha observado que aunque los ensayos acelerados de laboratorio ofrecen una correlación bastante aceptable con respecto al comportamiento real de la madera tratada, no puede asegurarse que un producto evaluado satisfactoriamente en laboratorio ofrezca buenos resultados en campo. Y es que reproducir el comportamiento de la madera expuesta más de 15 años en el exterior, en tan sólo un año de trabajo en laboratorio es complicado. Además, a tenor de la severidad de la clase de uso a la que se expone la madera tratada con sales (clase uso 4) y de los riesgos que podemos encontrarnos ante un fracaso de su comportamiento en el mercado, se hace muy recomendable la realización de ensayos de campo.

Siendo los ensayos de campo los que mejor reproducen el comportamiento de un producto protector, recientemente se han publicado varios trabajos donde se pone de manifiesto una serie de limitaciones importantes que afectan a este tipo de ensayos. Ciertamente, cada campo de ensayo presenta unas características propias que lo definen (condiciones climáticas, tipo de suelo, presencia y virulencia de organismos xilófagos). De este modo, Edlund et al. en 2006 publicaron un trabajo donde se resumían más de 30 años de trabajo dedicado a la evaluación en campo de diferentes productos en base cobre.

Una de las conclusiones más relevantes se basa en que el comportamiento de un producto en campo puede variar de manera extremadamente significativa según el tipo de campo y sus características. En la figura nº1 se presenta un gráfico donde se representa la durabilidad de la madera tratada con un producto sin cromo y arsénico expuestos en dos campos distintos. Tal y como se aprecia, tras 5 años de exposición (lo mínimo que indica la normativa) en el campo de Simlängsdalen los resultados son muy buenos (no se detectó ninguna afección), aunque a partir de esa fecha, las probetas de madera empezaron rápidamente a degradarse.

Por el contrario, la exposición de la misma madera impregnada con el mismo producto en el otro campo de ensayo (Sörkedalen) muestra, tras 5 años de exposición, valores de eficacia muy pobres. Esto nos indica la importancia de exponer un producto a varios campos de ensayo con perfiles muy distintos. A día de hoy, en los foros de normalización se está debatiendo esta situación y muy probablemente se concluya con la necesidad de evaluar los productos en campos distintos, caracterizados previamente.

Volviendo a la figura 1, aplicando estrictamente la normativa, si el producto hubiera sido ensayado sólo 5 años en el campo de ensayo de Simlängsdalen, los resultados, extremadamente buenos, no ofrecerían una visión real del comportamiento en una situación real (>5 años). Probablemente, si sólo nos basáramos en este periodo de tiempo, podríamos erróneamente pronosticar durabilidades por encima de los 20-25 años. La realidad demuestra, en este caso concreto, que en este campo de ensayo la madera tratada se degradó totalmente a los 18 años, estableciéndose en unos 11 años la vida del producto.

Extrapolando estos datos en una situación real, muy probablemente tras 10 años de exposición tendríamos algún tipo de reclamación por parte del usuario, debido a fallos en alguno de los postes o elementos de madera. En consecuencia, no sería descabellado pensare en incrementar el tiempo de duración de dichos ensayos, aunque probablemente esto conllevaría a que por parte de empresas formuladoras, los ensayos de campo perdieran atractivo ó interés técnico-comercial. Aunque ya de por sí, 5 años de ensayo es mucho tiempo para la industria, los datos publicados demuestran que siguen siendo pocos para poder hacer una evaluación adecuada desde el punto de vista científico, especialmente si los consumidores esperan del producto (o mejor dicho, de la madera tratada) una vida de servicio de 30 a 50 años.

 

Figura 1

Figura 1. Índice de pudrición en % de estacas de madera tratada con un producto alternativo sin cromo y arsénico expuestos en dos campos de ensayo diferentes, a lo largo del tiempo. Resultados de ensayos de eficacia en campo obtenidos según norma Europea EN 252

En la figura 2, se presentan los resultados de un ensayo de campo llevado a cabo en Simlängsdalen (Suecia) con una sal CCA. Tras 32 años de exposición se concluye que, en base a estos resultados, la vida media del producto ha sido de 24 años. A diferencia de lo ocurrido con el producto sin cromo y arsénico de la figura 1, todo parece indicar que las curvas de degradación son más constantes y con menor pendiente en el caso de las sales CCA. Otra consideración interesante, es que para la evaluación de la eficacia de un producto protector, no sólo deben considerarse los valores medios de degradación obtenidos en el conjunto de las probetas de ensayo, sino que debería también valorarse el número de probetas que han fallado (grado de degradación 4) y las que muestran signos de degradación significativos (grado 2).

Esto es especialmente relevante, pues en algunos estudios (especialmente en campos con presencia de hongos tolerantes al cobre) se ha observado que mientras el valor medio de evaluación es adecuado, hay muchas probetas que tras sólo 5-10 años se han degradado totalmente. Así, para un mismo valor medio de evaluación (entre 2 productos ensayados) siempre será mejor, aquel que tenga menor número de probetas evaluadas con un grado 4 (totalmente degradadas). Esto último también ha sido constatado por Schultz y Nicholas en un artículo publicado en2009.

Como conclusión de lo anterior, para la correcta determinación de la retención eficaz de un producto (valor crítico) debería tenerse en cuenta todos los estudios realizados, sin dejar de un lado los resultados obtenidos en un campo frente a otros. De este modo, la retención de un producto podría actualizarse en base a los ensayos de campo que vayan concluyendo. En este sentido, sorprende como a medida que ha transcurrido el tiempo, las retenciones de producto que indican los fabricantes en general ha ido reduciéndose.

En cualquier caso, lo más idóneo (aunque complicado) sería asociar un nivel de retención a una vida de servicio. De este modo, el consumidor podría exigir en función de sus necesidades el grado de protección y garantía pertinente. Esto es especialmente relevante si nos fijamos en las retenciones de productos en base cobre que actualmente se comercializan en España. Es curioso observar, que productos con cantidades similares de cobre en su composición (en %) se comercializan a retenciones muy diferentes. Aunque si bien es cierto que la eficacia de un producto no sólo depende de la concentración de los activos, es cuanto menos intragable, que haya productos sin cromo y arsénico que se comercialicen a retenciones incluso inferiores que las sales CCA. Esto dejaría de ser relevante, si junto con un nivel de retención se estableciera la vida de servicio esperable (en base a estudios científicos robustos).

Figura 2

Figura 2. Índice de pudrición en % y vida media de servicio, de estacas de madera tratadas con una sal CCA y expuestas en el campos de ensayo de Simlangsdalen (Suecia). Se incluye también el número de estacas evaluadas con un “2” (leve presencia de pudrición) y con un “4”(estaca totalmente degradada). Resultados de ensayos de eficacia en campo obtenidos según norma Europea EN 252

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