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Por Angel Lanchas

El diagnóstico y control de los agentes naturales de deterioro de los bienes culturales es una de las mayores preocupaciones en el ámbito de la conservación y restauración.

En particular, la lucha contra organismos xilófagos que alteran la madera, como soporte de obras de arte, ha estado presente desde la antigüedad, aplicando una gran variedad de productos no siempre efectivos, cuya finalidad ha sido el control y eliminación de las plagas.4

En las últimas décadas se han venido desarrollando nuevas aplicaciones  y productos, como los sistemas por gases inertes o los tratamientos biotécnicos, cuya finalidad es la de sustituir  los tratamientos tradicionales por impregnación química de la madera.

Los medios físicos comprenden todas aquellas intervenciones que emplean factores exclusivamente físicos, como variaciones de temperatura, ondas electromagnéticas, ultrasonidos y atmósferas modificadas. A excepción de las radiaciones ionizantes, su utilización es generalmente más segura tanto para el ambiente como para el hombre.

La sustitución de los tratamientos químicos de la madera no siempre es posible, ya que las complejas características técnicas de algunas obras, como los artesonados o los retablos lígneos, unido al escaso control ambiental de sus lugares de ubicación, hacen necesaria la utilización de tratamientos curativos y preventivos, que permitan una aplicación uniforme de los mismos.

La principal problemática existente en la adaptación de los tradicionales sistemas de desinfección de la madera a estas obras, se centra en su aplicación a los grandes formatos y la mala accesibilidad a las traseras de muchas de estas obras. Por tanto, es necesario desarrollar nuevos tratamientos que permitan erradicar de una manera efectiva los organismos xilófagos, pudiendo ser adaptados a los grandes formatos, sin necesidad de un desmontaje de las piezas, y permitiendo el tratamiento uniforme del conjunto sin que se altere sus propiedades físico-químicas.3

Cada especie de insectos presenta una temperatura óptima para su correcto desarrollo. A medida que esta temperatura se aleja de estos valores, el tiempo de desarrollo y la mortalidad aumentan, mientras que disminuyen fertilidad y fecundidad. La congelación provoca daños en las células y tejidos de los organismos vivos, por la formación de cristales internos, alterando las sustancias proteicas, por la desnaturalización de las estructuras terciarias y cuaternarias.

En cuanto a la madera, provoca alteraciones dimensionales reversibles, con un encogimiento del 0,1% en sección radial y un 0,3% en sección tangencial, pudiendo compensarse mediante absorción de humedad durante el proceso de congelación. Puede también causar alteraciones en cloruros polivinílicos y resinas epoxídicas, por modificación del polímero amorfo. La subida de la temperatura puede realizarse bien calentando el ambiente en el que se encuentra la obra, o mediante el uso de ondas electromagnéticas o ultrasonidos. El nivel de eficacia de una temperatura varía en función de la humedad relativa del ambiente, la especie o el estado de desarrollo del insecto.

Temperaturas elevadas pueden causar daños en los objetos tratados, al acelerar los procesos de oxidación y envejecimiento de los materiales. Existen diversas variantes de los tratamientos por calor, como la solarización o el denominado Shock térmico, sin que hasta la fecha haya sido suficientemente experimentada su correcta acción en materiales policromados.

Las microondas

Las ondas electromagnéticas susceptibles de ser estudiadas para tratamientos de desinsectación de obras de arte con soporte leñoso son la radiación infrarroja, las radiaciones ionizantes y las microondas. La radiación infrarroja provoca el calentamiento del objeto por absorción  de la onda, producido por conducción  del calor desde la superficie hasta los  estratos internos. Por ello, este tratamiento puede estar particularmente indicado para objetos de espesores reducidos, sobre todo en el caso en que los materiales sean malos conductores de calor, como es el caso de la madera. Su aplicación, sin embargo, se limita a espacios cerrados y estrictamente controlados, a  consecuencia de sus elevados niveles  de toxicidad para el hombre.5

De todos los métodos físicos de desinsectación de la madera, las microondas, junto con las atmósferas inertes, son los tratamientos que, a priori, mayores posibilidades de aplicación plantean. Las microondas aumentan el movimiento de las moléculas dipolares. Al golpear un compuesto de estas características, como el agua, ceden su energía, aumentando el movimiento de sus moléculas, elevando la temperatura del objeto.

Estas radiaciones resultan particularmente adecuadas porque elevan la temperatura del insecto sin afectar al resto de los materiales, aunque se encuentre en el interior de la madera. Sin embargo, existen sustancias que interfieren en la propagación de las microondas, como el metal, que pueden resultar perjudiciales para la estabilidad de la obra. Los metales se comportan reflejando las microondas, actuando como pantalla hacia las partes que se sitúan por detrás de él, no siendo tratadas con la misma intensidad que el resto.

La aceleración de los electrones compartidos del metal, determinada por las microondas, provoca un calentamiento en los objetos y piezas metálicas especialmente delgadas, que pueden arder o desarrollar chispas en el caso en que estén presentes puntas afiladas que permitan a las cargas liberarse en el aire.

En su aplicación sobre obras de arte, se debe considerar la reacción frente a las microondas de todos sus materiales constitutivos -película pictórica, imprimaciones, aceites, barnices, etc.- y el  grado de calentamiento que pueden alcanzar cada uno de ellos, para evaluar  su posible degradación. En consecuencia, la intensidad de la onda y el tiempo de tratamiento variarán en función del  espesor de los objetos a tratar.2

Actualmente se están desarrollando diversas investigaciones sobre la aplicabilidad de las microondas para el tratamiento de desinsectación de obras de arte, centradas en dos tipos de aparatos-generadores, que varían la metodología de aplicación y la exposición de los objetos tratados a estas ondas electromagnéticas.

Por un lado, existen en el mercado diversos generadores a modo de hornos, equipados con una puerta protectora, que emplean microondas de una frecuencia de 2,45 GHz, emitidas en un espacio cerrado en el que se introduce el material a calentar. Permite aplicar una potencia variable (1 o 2 megatrones), con el fin de variar la intensidad de las ondas.

Las desventajas de este sistema son múltiples. En primer lugar, el reducido espacio en el que se introducen las obras hace que estas deban ser de pequeño formato, sin que durante el proceso pueda observarse el comportamiento de la pieza tratada. Por otra parte, el modo en el que se propagan las microondas en el interior del horno, hace que éstas actúen indistintamente desde todas las partes de la obra, sin hacer distinción entre soporte, preparación o película pictórica.

Conclusiones6

Debido a que cada material presenta una reacción diferente a las microondas, la prioridad es establecer  los tiempos de exposición límites en relación con la intensidad de la radiación. Para ello es recomendable un generador de intensidad variable, 1 a 2 KW.  A diferencia de los generadores de tipo horno, el empleo de una antena exenta permite trabajar sobre una de las caras de la pieza a tratar, controlando la temperatura que alcanza cada una de las partes de la madera, ya que la intensidad de la onda disminuye conforme va penetrando en el objeto.

Paralelamente, se están desarrollando estudios sobre la mortalidad de diversos insectos xilófagos en todo su ciclo vital, con el fin de obtener un amplio registro sobre los parámetros de mortalidad, efectivos a distintas intensidades y tiempos de exposición.

La innovación que aportan estos estudios es la manejabilidad de la antena y la adaptación a todo tipo de formatos, pudiendo realizar tratamientos in situ sobre obras de grandes formatos con soporte leñoso, como artesonados y retablos.

Como se ha dicho anteriormente, los tratamientos de desinsectación de obras de arte deben derivar hacia sistemas de baja toxicidad y fácil aplicación, que permitan una correcta adaptación a cada tipo de obra. Sin duda, un plan de actuación adecuado frente a plagas pasa por el control responsable y estricto de las condiciones del medio en que se ubican las obras, sin el cual estamos  obligados a emplear periódicamente  tratamientos tóxicos.